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Hidro Santa Cruz: una empresa ladrona de vidas

Por Alba Cecilia Mérida*


¿Qué significan ocho años para una población que resiste ante el embate de una empresa extractiva, como es el caso de Santa Cruz Barillas? Esta pregunta y sus respuestas puede generalizarse a todas las comunidades y municipios del país que diariamente, y por lo menos en la última década, han sido asediadas por empresas como Ecoener-Hidralia/Hidro Santa Cruz. Empresas que actúan criminalmente con tal de imponer un proyecto hídrico, haciendo uso del agua dulce en contra de la voluntad de la población.

En el discurso de las empresas mineras, petroleras, hidroeléctricas y otras como TRECSA y sus aliados, es decir, los funcionarios públicos, ubicados estratégicamente en los tres poderes del Estado, encontramos la cuestión de “promover el desarrollo y progreso para el país y las comunidades”. Su propuesta no coincide con las aspiraciones y concepciones sobre la Vida y el desarrollo que tenga la gran mayoría de la población, especialmente los Pueblos Indígenas.

En la lógica del capitalismo, a los empresarios nacionales y extranjeros no les importa esperar un tiempo para implantar sus proyectos de muerte. Saben que cuentan con el respaldo de los funcionarios públicos de turno y de quienes ya estuvieron en el poder y les dejaron abiertas las puertas para invadir los territorios y saquear los bienes naturales de los pueblos de Guatemala. Este ha sido el papel de los gobiernos de Álvaro Arzú, Oscar Berger, Álvaro Colom y por supuesto el actual, Otto Pérez Molina, quien se ha encargado de llevar a su máxima expresión las políticas de represión y criminalización en contra de los movimientos en defensa del territorio. Además de poner a disposición de las empresas las instituciones públicas y las fuerzas de seguridad.

Las empresas como Hidro Santa Cruz, cuentan con un plan maestro, que desde su llegada a los municipios les permite erosionar las realidades políticas y organizativas que encuentran. Saben aprovecharse de las fisuras provocadas por un sistema político indolente que a través de los siglos ha creado imaginarios sociales tendientes a alabar lo extranjero y sus ideas de progreso sustentadas en la acumulación del dinero. Se saben resguardados por la corruptela de abogados/as jueces, juezas, fiscales y muchos otros operadores que están a su servicio, por eso actúan con tanta impunidad y alevosía.

Se protegen bajo la sombra de los caudillos locales, los de siempre, vinculados a los partidos políticos de derecha y extrema derecha, quienes están dispuestos a derramar dinero, a hacer uso de sus relaciones de compadrazgo con los más débiles, quienes siempre les deberán algo y deberán pagar con su voto. Exacerban las contradicciones étnicas presentes entre los del “pueblo” y los de las “comunidades”. Saben tocar las heridas históricas y se enseñorean en ellas: les sirven para azuzar el miedo, los rencores, los prejuicios, el racismo. Se aprovechan de la pobreza, pero sobre todo usan su poder para destruir vidas, para destruir sueños y proyectos de futuro. Las empresas extractivas son literalmente ladronas de vidas.

Durante los ocho años de la presencia perversa de Hidro Santa Cruz en Santa Cruz Barillas, ha habido un retroceso no solo en materia de desarrollo local, sino también en cuanto a la democratización del municipio. Lo ganado, luego de la Firma de los Acuerdos de Paz, se perdió junto a la tranquilidad que medianamente gozaba la población (adultos, jóvenes, mujeres), que con ahínco se organizó para participar en el proceso de trazar su propio futuro. Así quedó plasmado en los resultados de la consulta comunitaria de “Buena Fe”, momento político que recogió los aprendizajes de quienes se sabían sujetos de derechos, de una población que hizo suyos los marcos legales y la sabiduría ancestral que dicta que a la Madre Tierra se le cuida, se le respeta y se le defiende.

Hoy la población de Santa Cruz Barillas, sabe a fuerza del dolor vivido que Hidro Santa Cruz les robó su presente y en buena medida su futuro, y que para ello seguirá atacando despiadadamente a quienes se les oponga a su proyecto hídrico. A esta empresa no le importa la condición étnica y de clase de quienes demandan respeto a su territorio. Acometió en contra de líderes sociales que desde el 2008 se dieron a la tarea de informar a la población sobre los daños que generaría la instalación de la hidroeléctrica Cambalam. Atacó y asesinó a campesinos pobres, trabajadores, cuyo más preciado bien es su tierra, la cual se negaron a vender. Encarceló a hombres mestizos y q´anjobales, todos de oficio agricultores, albañiles, maestros; acusándolos de delitos inexistentes, les robó ocho meses de su vida. Nuevamente en febrero 2015 logró que se encarcelara a tres hombres, dos de ellos ya adultos, empresarios locales, y a un joven maestro que ha dedicado su vida a la educación bilingüe intercultural, en su comunidad de origen.

Por su parte el gobierno de Otto Pérez Molina le ha robado al pueblo barillense la posibilidad de la inversión pública en bienes y servicios: usó y sigue usando el dinero público para aterrorizar por medio del estado de sitio y el despliegue desproporcional de efectivos del ejército y policía nacional civil. Así como pagando salarios de jueces y otros operadores del sistema de justicia para encarcelar a los líderes del movimiento en defensa del territorio de Santa Cruz Barillas.

Las mujeres en general, pero en particular las esposas, madres, hijas, sobrinas, nietas de los presos políticos ya no tienen vida porque, luego de los ataques de Hidro Santa Cruz, la dedican a cuidar de sus familias, a proveer de sustento a sus niños y niñas, a consolar a sus suegras, a fortalecer a otras que al igual que ellas sufren. Pero sobre todo, las esposas son el vínculo más cercano que mantiene vivos a sus esposos en la cárcel. Hidro Santa Cruz les robó el presente que ellas junto a sus esposos tenían y representaba labrar el futuro de su familia.

Son interminables los procesos socio-organizativos y políticos que detuvieron su marcha en Santa Cruz Barillas, porque la mayoría de quienes los impulsaban han tenido que dedicar su tiempo a defenderse de los ataques de los mercenarios de esta empresa, ya sea ante los tribunales de justicia del país o en sus propias comunidades. Qué más se puede perder, se preguntarán los ideólogos del extractivismo para así atacar con más certeza. Seguramente se pueden perder muchas cosas, pero algo que no sucederá es que los pueblos pierdan su DIGNIDAD y cedan ante sus intenciones.

La población de Santa Cruz Barillas, y todos los municipios de Guatemala que sean asediados por el capital extranjero, no vamos a ceder en nuestros propósitos de defender el territorio y sus bienes naturales. Como se ha dicho hasta el cansancio, los bienes naturales, son algo más que agua, árboles y montañas. Son fuente de vida, guardan historia, representan mundos cosmogónicos, reflejan identidad, son testigos de la voluntad de vivir y de emancipación de los Pueblos. Basta escuchar las narraciones de las mujeres cuyos esposos hoy están en la cárcel y verlas sonreír cuando recuerdan cómo ellas desde niñas han cuidado, sembrado y cosechado de la tierra que hoy Hidro Santa Cruz les quiere robar. Eso ellas nunca lo van a perder.

*Alba Cecilia Mérida vive en Huehuetenango, es antropóloga, activista social y defensora de los derechos de las mujeres.

Fuente: http://cmiguate.org/hidro-santa-cruz-una-empresa-ladrona-d…/

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