Header Ads

Un Q'anjob'al exitoso y ejemplar

Marcos Andrés
De Nank'ultaq al mundo

Con solo escuchar el nombre, automáticamente deducimos que se trata de un Q'anjob'al. Pero un Q'anjob'al que ha demostrado gran capacidad de sobresalir, a pesar de las dificultades a las que, como indígenas, estamos sometidos por el sistema de nuestro país.  Lo más importante, que no se olvida de sus raíces y de nuestro querido Jolom Konob'.

Compartimos con ustedes esta entrevista publicada en la edición dominical de Presnsa Libre, el pasado 11 de noviembre de 2012, en donde Andrés comparte su historia de éxito en el ramo de la informática, con una empresa que se ha posicionado internacionalmente y de gran prestigio.  Sin duda, un ejemplo a seguir y confirmando que los Q'anjob'ales somo capaces de muchas cosas.




“Todo se lo debo a Dios”


Marcos Andrés Antil, fundador y presidente de la compañía informática Xumak —con clientes corporativos en 25 países, entre ellos EE. UU., Inglaterra, Australia e India—, aún recuerda cuando cruzó corriendo, con ayuda de un coyote, la frontera de EE. UU., desde Tijuana, México. Un guardia atrapó al joven que venía justo detrás.

“Como era chiquito y corrí rápido, no me agarró”, cuenta Antil con nostalgia al recordar cómo en 1989 se reencontró con su familia, de la etnia qanjobal, en California. Su padre había salido del país años atrás para no ser asesinado por la guerrilla o el Ejército, en la confusión absurda de la guerra.

Ya para entonces Marcos había escapado de la muerte, por desnutrición. “Mi mamá aún llora cuando recuerda que yo me enfermaba bastante y a los 2 años casi me muero. Por eso le agradezco tanto a ella y a mi papá que hayan luchado por darnos un futuro a mí y a mis siete hermanos”, agrega.

Entre dos reuniones, Antil hace tiempo para la entrevista. La agenda es cargada, porque solo estará una semana en el país. En un piso 14 de la zona 10 tiene 60 colaboradores, entre los que hay expertos que mueve a cualquier nación. Entre sus clientes hay empresas del Fortune 500. La pregunta es obvia:


¿Cuál es el secreto de su éxito?
Dios me ha dado todo; todo se lo debo a Dios. Desde que era pequeño, ya de tanta enfermedad, hubo un momento en que mi mamá dijo: ‘Que Dios decida si te quiere llevar’. Había una hermana mayor que murió antes de que yo naciera y, bueno, Dios quiso que viviera. Ahora bien, en cuanto al trabajo, he descubierto que la clave es estar enfocados: especializarnos en algo y hacerlo bien.

¿Qué hace Xumak?
Las páginas de internet de grandes compañías se diseñan para ir a una audiencia específica. Hacer que eso funcione es nuestro trabajo. Nosotros no diseñamos ni mantenemos páginas web, somos el recurso de infraestructura, la tecnología que hace que la página tenga la información y rápido. Cuando alguien busca algo en una página web —la interfaz—, esa palabra se manda al motor que encuentra la información. Nosotros nos enfocamos en ese motor y organizamos contenidos digitales de empresas: un video, un documento, un flash, una foto. Si es digital, nosotros lo podemos organizar.

Al conversar con empleados, coinciden en sentirse orgullosos de que la compañía es guatemalteca pero atiende clientes globales, algunos del top 500 de Forbes.

Es cierto, y hay una razón: el costo de lo que nosotros hacemos no puede cubrirlo una empresa chiquita. En el mundo web hay dos formas de buscar información. Una, la tradicional, lineal, que busca un término así: a, b, c, d... Y la otra, que si buscas, digamos la palabra Marcos, mediante un programa, descarta cualquier otra letra que no sea M y lo encuentra más rápido. Es como comparar dos carros: uno barato y otro, digamos, un Porsche. Los dos te pueden llevar a un lugar, pero ¿cuál te lleva mas rápido? Por supuesto, el deportivo, que está más caro, por lo cual las únicas empresas que pueden invertir en esta tecnología son las grandes.

¿Como qué empresas?
Va un ejemplo: un fabricante de computadoras tuvo problemas porque en una promoción a través de su página les compraban una, pero el sistema enviaba dos. Era un chorro de pérdida, y se enteraron hasta que un cliente devolvió una. Otros no las devolvieron y no sabían quiénes recibieron dos. Perdían millones por hora. Nos llamaron para arreglarlo, pero para eso hay que meterse dentro de su sistema. A mí me ha tocado estar hasta tres días sin ver la luz del sol, medio comiendo, durmiendo dos horas. Ocurre que las empresas tienen una tecnología anterior en la que han gastado millones de dólares y no quieren reemplazarla. Lo que hacemos es cambiar la jerarquía de su información, creamos algoritmos matemáticos para replantear cómo guarda su información y cómo se va a buscar. A menudo tenemos que reeducar a las personas y a las empresas. Con algunos nos va bien, se emocionan y buscan el cambio. Otros se aferran a lo que tienen y tienen miedo, pero la mayoría sí cambia.

Es una agenda ocupada...
Vengo a Guate por poco tiempo, para ver cómo va el equipo, dar alguna capacitación. En lo que estoy aquí—una semana— vendrán dos empresas a conocernos. Aparte de que lanzaremos una alianza educativa en favor de los niños de Guatemala. El lunes me voy, pero aún no sé si toca ir a California, a México DF o a Sao Paulo, porque lo que hay son clientes. Los tenemos ya en 25 países, y por eso creció esta oficina de Guatemala. Espero abrir otra en Sudamérica.

Vamos atrás en el tiempo. ¿Dónde nació?
Nací en Nancultac, Santa Eulalia, Huehuetenango. Estudié hasta sexto primaria aquí. Por este mes eran las vacaciones, ¿verdad? Me acuerdo que me iba con mis padres a cortar café, algodón o cardamomo. Soy el tercero de siete hermanos: cuatro hombres y tres mujeres. Eso de ir a las fincas era muy pesado, y cuando cortaba café, trataba de que no fuera mucho, para que no me pesara el canasto.

¿Cómo fue la ida a EE. UU.?
Mi papá fue concejal primero de Santa Eulalia. Era el tiempo de la guerra, y como somos indígenas, el Ejército nos veía como guerrilleros, pero la guerrilla lo odiaba por ser autoridad. Así que por amenazas de un lado y de otro se fue por México hasta Los Ángeles. Después de unos años mandó por mi mamá y mis hermanos. De último me fui yo. Pero fue un tiempo duro. Me acuerdo que una vez mi mamá tuvo que vender su traje tradicional para comprarme medicina. A los 13 años me mandaron a traer con un coyote. Aún recuerdo el miedo que sentí cuando ya dentro de EE. UU. íbamos en la carretera de San Diego a Los Ángeles. Pero al fin nos juntamos.

¿Cómo llegan las computadoras a su vida?
Un accidente. Porque yo quería ser político, abogado o médico. Al estudiar la secundaria tenía que trabajar para pagar mis libros. Era buen estudiante y tenía buenas notas, pero en la casa hacía falta dinero hasta para la renta. Una vez, un señor con el que trabajaba me llevó a visitar a un su amigo en Silicon Valley. Tenía una gran computadora, además de una casa muy bonita y en la mesa un cheque de US$30 mil. ¿En qué trabaja usted?, le pregunté. Y me dijo: ‘Soy científico en programación’. ¿Y cuánto lleva para estudiar eso? ‘Cuatro años’, me dijo. ‘Y podés ganar más que un abogado o un doctor, porque en computadoras todo está por desarrollarse’. Y ahí me decidí.

¿Y le fue bien en la carrera?
El primer año muy mal. Porque la clase de programación fue la más difícil de mi vida. En la clase había gente que tenían computadora desde chiquitos y hasta un niño prodigio de 12 años. No entendía nada y además tenía que trabajar. Decidí tirar la clase, pero antes de hacerlo hablé con el profesor, un coreano de apellido Wang. Le dije que botaría la clase, pero que quería seguir asistiendo y haciendo las tareas. ‘Nunca nadie me había pedido eso’, me dijo, y aceptó. Así lo hice, y al año siguiente me inscribí otra vez y me fue muy bien. El resto de años fue fácil. Estudié algo de comunicación y diseño. Para mantenerme, trabajé con una entidad benéfica a la que le llevé su control administrativo. Después, en una empresa de energía, donde ya empecé a ganar bien.

¿Y al graduarse?
Me ofrecieron varios trabajos, pero al final decidí entre dos: una compañía con tecnología bien establecida y otra con una tecnología en desarrollo. Me quedé con la segunda. Estuve tres años con ellos, hasta que en el 2003, como no me ascendían, decidí poner en práctica mis propias ideas, y fundé Xumak.

¿De dónde sale el nombre?
Como tanta palabra ya estaba registrada, pensé¿por qué no una palabra en q’anjob’al? Xumak significa “florecer”, y eso es lo que hacemos.

¿Por qué poner una oficina en Guatemala, si le va bien en Estados Unidos?
Porque tiene una posición estratégica, porque quiero a mi país y porque quiero contribuir a que sea mejor. Aquí capacitamos a la gente que viene; los enfocamos. Pero lástima, tengo 120 plazas, pero no hay gente calificada. Los jóvenes le temen mucho a la ciencia y a la matemática, cuando solo es cuestión dte enfocarse.


Fuente: Prensa Libre

No hay comentarios.

Deja un comentario aquí

Con tecnología de Blogger.